Una familia llora por su capitán
La desaparición de un hombre causa la tragedia en una familia. Su vida, sus frustraciones, su trabajo contado a través del tiempo. La angustia de sus padres y el momento desesperante de un secuestro
Por Carolina Mejía González
Mario González alias “El capitán” nunca se imagino estar una noche tan cerca de la muerte. Un hombre encapuchado apuntándole con un arma, era lo único que sus ojos observaban desde el interior de su carro.
El día 28 de mayo de 1999, como era de costumbre, Mario se alistaba para realizar su trabajo. Él era un hombre de 35 años, nacido en La Dorada Caldas, en donde vivió toda su adolescencia con sus padres y hermanos; a los 18 años se radico en Manizales en donde trabajo como cajero en Concasa y después de cuatro años, lo trasladaron a su tierra natal, luego de un tiempo laborando decidió renunciar debido a problemas personales que tuvo con su jefe.
Al quedar sin trabajo, se ideo la forma de ganar dinero, para no ser una carga para sus padres. Para ello invirtió sus ahorros de toda la vida en un carro Renoult 4 de color verde, con el cual empezó a repartir leche por todo el pueblo. Como este negocio, aunque le daba ganancias, no era tan lucrativo, gracias a la idea de un amigo, decidió cambiar de trabajo y además de carro.
Adquirió un Renoult 9 del mismo color del anterior, ya que este era su preferido y empezó hacer viajes a diferentes ciudades pero sin el consentimiento de la ley.
Su sobrenombre era producto de su forma de vestir; siempre sus trajes estaban compuestos por una camisa blanca con adornos como los de un general y un pantalón de color oscuro, además su apariencia física representaba cierto poder, al ser un hombre alto y acuerpado.
El día de la desgracia su rumbo era Medellín, salió en horas de la mañana, acompañado por dos pasajeros una mujer y un hombre. Mario cobraba por cada viaje un poco menos que los transportadores legales, por lo cual ya era conocido y tenía buena clientela en La Dorada, además de cobrar barato, él llevaba a sus pasajeros hasta la casa y era muy amable con ellos. Este trabajo aparentemente no le traía inconvenientes pero los taxistas, le tenían gran resentimiento, ya que estaban perdiendo porcentaje en sus ventas.
Era un hombre de muchos amigos y sus relaciones amorosas nunca dieron fruto, por la experiencia de su primer noviazgo, la cual fue desastrosa. Cuando Mario vivía en Manizales, conoció a María Cecilia, una mujer muy linda, de más o menos su misma edad y quien vivía en Chinchina, una ciudad que quedaba a una hora de la capital caldense. Sostuvieron un romance de muchos años y cuando él fue trasladado para La Dorada, ella se fue a vivir con él a la casa de sus padres, mientras conseguían donde vivir. Al cabo del tiempo se mudaron para un apartamento, un poco retirado, de la casa donde estaban.
Un día Mario llego como un loco al apartamento donde vivía con su mujer, cegado por los celos y su endemoniado genio, con una navaja cogió todos los vestidos de María Cecilia y los despedazo totalmente, además de romper todo lo que encontraba a su paso. Francisco Arroyave, era el causante de la desconfianza que se había sembrado en su relación amorosa y aunque María Cecilia seguía enamorada de Mario, decide dejarlo por sus actos desenfrenados y después de unos años, une su vida a la de Francisco con el fin de formar una familia, lo cual le deja una profunda herida a este hombre, quien después de ella, no logra encontrar a una mujer que la reemplace.
La mayoría de sus viajes los realizaba a Manizales, Bogotá y Medellín. Y en su ultimo viaje, cuando estaba en el corregimiento de San Luis, se vio asaltado por un grupo de encapuchados, quienes lo obligaron a detener el carro para que todos pudieran bajarse. A Mario y al pasajero se los llevaron y la mujer quedo en plena calle desierta acompañada por el vehículo. A las horas siguientes llegó la policía y al parecer todo se trataba de un secuestro.
La mujer estaba muy asustada y relato lo sucedido; según ella los hombres los acorralaron, los hicieron bajar, revisaron sus documentos y se llevaron al conductor y al pasajero y la dejaron sola, sin ninguna explicación. Para ella, la guerrilla fue la autora intelectual de lo sucedido, ya que si hubiesen sido delincuentes comunes, se habrían robado el carro.
A las 9 de la noche, la casa de los padres de Mario se vio invadida por múltiples llamadas, las cuales fueron atendidas por su padre, quien recibió la terrible noticia. Todo era confuso, sus familiares no se explicaban el motivo del secuestro. La familia González Agudelo estaba conformada por personas comunes y corrientes, que vivían cómodamente, sin tener mucho dinero y Mario fue una persona sin problemas, honesta y trabajadora, por lo cual no se atribuía ninguna causa de algún secuestro.
Su padre era un hombre de 70 años, trabajador, quien sostenía a su familia gracias a las ventas de un almacén de repuestos, del cual era propietario. Yolanda, su mama, era una mujer de la misma edad de su esposo, muy católica, quien ya estaba bastante demacrada, debido a los duros golpes que sufrió durante toda su vida y ahora uno más perder a su hijo menor, después de que ocho años antes debido a la terrible enfermedad del cáncer, su hija mayor falleció. Ya en la familia solo quedaban tres de los cinco hijos que una vez fueron muy felices en el regazo de sus padres.
A los 8 días del secuestro y sin tener alguna noticia de su paradero, fue liberado el compañero de cautiverio de Mario, quien afirmo: “Yo estuve todo el tiempo con El Capitán y un día llegaron y se lo llevaron y dieron a entender que lo dejarían en libertad, esa fue la ultima vez que lo vi, la verdad nunca pense que me soltarían a mí y a él no”.
Son muchas las versiones que se cuentan de porque pudo haber sido secuestrado este hombre. Una de ellas es que los taxistas por la envidia que le tenían, lo mandaron a matar; otra de ellas es que como él tenía pinta de Capitán y además era una persona ostentosa con el dinero y por otro lado por tener cédula de La Dorada, la cual es una ciudad de paramilitares, la guerrilla lo confundió y se lo llevo, ya sea para hacerlo parte de su grupo o para darlo de baja.
En la actualidad no se tiene ninguna noticia de él, su familia todavía sigue con la incertidumbre de lo que pudo haber pasado con la suerte de Mario, pero después de tantos años, lo único que se puede pensar, es que este hombre ya esta al otro lado. Después de una tormentosa angustia durante mucho tiempo, su padre consiguió al fin la calma y la respuesta del paradero de su hijo, al encontrar la muerte en una sala de la Clínica Manizales. Y en el año 2004, después de que Yolanda, perdió a sus hijos y a su esposo, por fin encontró la paz al lado del señor. Y de Mario nunca se supo.