Por Carolina Mejía González
En la noche del 3 de marzo de 2000 fue dado de baja Josué Gustavo Herrera Corredor, por una pareja que se movilizaba en una moto. El occiso era adicto a las drogas, además tenía fama de ladrón y ya había estado en la cárcel. El dúo estaba conformado por una mujer apodada La Corroncha y por Truquini, quien se encuentra detenido por la muerte de un policía y lesiones a otro.
“Mamá, sáqueme de aquí, yo no maté al Asao”, éstas son las palabras más frecuentes de Ángela María Betancur Salgado, quien se encuentra detenida en la Cárcel de Mujeres de Manizales Villa Josefina por el delito de homicidio contra Josué Gustavo Herrera Corredor, y por el porte ilegal de armas de fuego.
El occiso era un hombre de 37 años, que desde hacía 15 se dedicaba al consumo de bazuco y marihuana, trabajaba como vendedor ambulante; pero a raíz de su adicción tenía muchos problemas. Martha Cecilia Muñoz Latorre, esposa del difunto, cuenta: “Él llegaba casi todos los días borracho y oliendo a bazuco y se volvía muy agresivo; en ocasiones llegó a maltratarme físicamente. Trató de rehabilitarse varias veces, por lo cual asistió durante un tiempo a Hogares Crea y a Narcóticos Anónimos, pero esto sólo era por épocas porque recaía de nuevo en la droga”.
El 24 de septiembre de 1999, un individuo llamado Ismael le propinó 17 puñaladas a Josué, dicho sujeto se encuentra detenido en la Cárcel Nacional de Varones La Blanca en Manizales, por tentativa de homicidio; en esta ocasión Herrera Corredor salió bien librado, gracias a la oportuna atención de los médicos del Hospital de Caldas. Su esposa afirma: “Esa vez casi me matan el marido y todo por vicio, lo que pasa es que él que lo hirió es el hijo de un expendedor de droga del barrio Marmato, que tuvo problemas con Josué hace tiempo”.
Además de ello, el 8 de julio de 1997, el fallecido interpuso una denuncia contra un hombre apodado 005 de apellidos Mejía Osorio, quien lo había amenazado de muerte, debido a que delató a su hermano Juan David, por haber participado en un robo junto con él, por ende, el occiso tuvo que pagar una condena en 1986 por hurto calificado.
En el lugar de los hechos
La casa de Jairo Sepúlveda González, quien es conocido como Jairo Bazuco, es llamada la Casa de los espantos por su aspecto físico. Consta de dos pisos y está ubicada en una esquina del barrio Campoamor, en la parte derecha hay un pasaje, las paredes del lugar son de color verde pastel, percudidas por el tiempo y las ventanas y puerta son en madera de color vinotinto. A la entrada hay unas escaleras que comunican con la sala; en otro nivel se encuentran los bajos, los cuales están deshabitados y según los vecinos del sector en este sitio se puede consumir vicio, además el propietario de la vivienda es quien se lucra por medio de las drogas, por ello su seudónimo.
“Eran las 7 de la noche y yo estaba tomándome unos tragos en la sala de mi casa con mi amigo El Asao, como le decíamos en el barrio, cuando llegó a preguntar por él una muchacha morena que vive cerca, quien es conocida como La Corroncha. Él se asomó y bajó a hablar con la joven y se pusieron a discutir, ella le decía: ‘Hijo de puta, ladrón, devolveme eso’, pero él le decía que no tenía nada. Yo me encontraba en las escalas, detrás de él. Cuando menos pensé sentí unos tiros, fueron como dos, él me dijo ¡Jairo me mataron!, yo volteé a mirar y lo vi tambaleando en el borde de la puerta, salí a buscarlo, pero él salió caminando solo, y yo pensé que no había pasado nada y me acosté. Al otro día me di cuenta de que había muerto”.
María Victoria Herrera Corredor, hermana del difunto, se encontraba en el hogar de él, cuando llegó de la residencia de Jairo buscando ayuda. Ella cuenta: “Yo estaba en la casa y tocaron la puerta, me asomé por la ventana, ya que la vivienda es de dos pisos y él estaba contra la puerta parado y le dije ¡a ver!, cuando me respondió que le habían pegado dos tiros, entonces bajé y abrí la puerta y el cayó a mis pies. Entre mi esposo y yo le alzamos la camisa, para ver qué tenía, pero no le vimos nada, sólo como un raspón en la espalda, como cuando uno se cae y entonces pensamos que estaba drogado y que quería llamar la atención. Lo acostamos en el sofá cama, pero se puso pálido y estaba como sudando frío y repetía en medio de su delirio los nombres de Jairo e Ismael, entonces decidimos llevarlo a un centro de salud”.
El 3 de marzo de 2000, en las horas de la noche, fue trasladado el cuerpo de Herrera Corredor, al Hospital de Caldas, por sus familiares, quienes atribuían el estado del enfermo, al consumo de licor y estupefacientes. Pero los médicos al examinarlo, encontraron que ya había fallecido y fue por medio de una necropsia como se descubrió el por qué de su muerte, la cual fue causada por un disparo de arma de fuego en la espalda y ésta le perforó el pulmón. “La bala era de acero y ésta, al penetrar en el cuerpo de la víctima, explota por dentro, sin orificio de salida, además contenía cianuro por lo cual era mortal. Por ello era que el herido no presentaba muestras de sangre en el momento del ataque, ni después”, así lo afirma Juan Carlos Loaiza López, abogado de la implicada.
Paola Andrea Sepúlveda Arenas es hija de Jairo y también se encontraba en el lugar de los hechos, asegura: “Yo estaba en mi residencia con una amiga y sentí que alguien estaba alegando en la calle y me asomé por la ventana que da hacia el pasaje, pero no veía a quienes estaban discutiendo, porque estaban al frente de la casa y yo estaba a un lado. Yo sólo veía a un muchacho muy joven, flaco, de estatura normal, cabello corto, tenía pantalón azul, estaba en una moto DT azul con tanque blanco, a él no lo había visto en el barrio, estaba sólo, cuando de pronto sacó un revólver pequeñito negro, con el cual dio dos tiros y arrancó en la moto por el pasaje, entonces yo me entré y salí corriendo a ver quién había al frente, pero cuando lo hice ya no había nadie”.
En Manizales a partir de enero hasta el mes de octubre del año 2002, se han presentado 394 homicidios por arma de fuego, de los cuales 373 son hombres y 21 mujeres. El ajuste de cuentas es la causa más frecuente por la que se cometen asesinatos, en éste periodo se registraron 67 casos y de éstos solo 3 fueron contra el sexo femenino, así lo aseguran los informes del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Dirección Seccional Caldas. Este delito ocurre generalmente en la vía pública. El 67% de los crímenes, son cometidos por personas de quienes no se tiene ningún tipo de información, el 22% por sujetos desconocidos y un 11% por individuos que ya habían entablado una relación con la víctima.
Culpable o inocente
Ángela María Betancur Salgado es una joven de 22 años de edad, morena, de contextura gruesa, alta, con cabello ondulado de color castaño oscuro.
Ella vivía en Campoamor, en un apartamento con su niño de siete años y al parecer todo comenzó cuando realizó una fiesta, a la cual asistió El Asao y de allí él hurtó varias cosas. “El jueves 2 de marzo de 2000, me robaron cinco pares de tenis, la licuadora, la pitadora, 62 CD’s, una chaqueta de cuero café y unos zapatos de mi hijo. Un conocido de Josué me dijo que él estaba vendiendo mis cosas, por ello me fui para la casa de los espantos y pregunté por él, cuando bajó le reclamé por qué me había robado, pero él estaba muy drogado, tenía una botella de aguardiente en la mano y me lo negaba todo, le dije llorando que por favor me hiciera llegar mis cosas de nuevo. Cuando yo iba bajando escuché dos disparos y salí corriendo para el apartamento de mi prima, donde se encontraba mi tía y unas amigas de la familia”, y agrega “Pero todos creen que por eso yo lo maté, pero cómo lo iba hacer de esa forma, sabiendo que en el barrio me conoce todo el mundo”.
Luz Marina Betancur de Osorio, tía de la implicada, relata: “Yo estaba en la ventana del apartamento y Ángela salió corriendo, porque le contaron que por ahí andaba el que le había robado las cosas, y cuando regresó me dijo: ‘Tía, yo estaba hablando con El Asao e hicieron unos tiros y casi me matan’ y al otro día nos dimos cuenta de que estaba muerto”.
Las acusaciones
Muñoz Latorre afirma: “Yo primero pensé que mi esposo había muerto de una sobredosis, pero cuando en el Hospital me dijeron que lo habían matado, me sorprendí mucho, inicialmente pensé que era Ismael por el incidente que había tenido con él, pero cuando yo estaba en el velorio, una amiga mía que estaba en la esquina el día que lo mataron, me dijo: ‘¿Sabe quién mató a Josué?, La Corroncha con el mozo, ella llegó en la moto con el hombre y éste le disparó, ese sujeto es apodado Truquini’, su nombre es Duvan Álvarez Montes”.
Por otro lado, Adriana Ardila Ceballos, una de las testigos más importantes en el suceso, porque fue quien presenció desde el frente la situación, asegura: “Yo iba subiendo por la falda para donde mi hermano y cuando llegué me quedé conversando con él, cuando vimos alegar a una muchacha con el señor Josué a quien distinguíamos en el barrio, ella llegó en una moto con un muchacho que la manejaba y los dos estaban alegando con el difunto, no sé de qué y entonces escuché dos disparos, pero no vi quién los hizo y me fui del lugar”. Y agrega: “Yo me presenté a declarar una vez, porque la esposa del fallecido me lo pidió, pero no volví a hacerlo porque recibí amenazas contra mi vida”.
Defensa de la implicada
Ángela Maria Betancur Salgado, alias La Corroncha, dice no tener ningún vínculo con Truquini y alega ser inocente del hecho en el cual se le atribuye como determinadora de la muerte de Herrera Corredor. Según esta mujer, ella sólo fue a preguntarle por sus cosas y se fue al escuchar los disparos; no hizo una denuncia del robo porque el occiso tenía fama de ser peligroso en el barrio, ya que era adicto a los estupefacientes, le pegaba a su mujer y, además, había robado en varias ocasiones.
Loaiza López, abogado de la inculpada, sostiene: “Los indicios deducidos han sido con base a testimonios contradictorios, incongruentes y variables, que no pueden ser una prueba incriminatoria. Jairo y Paola Sepúlveda aseguran que la mujer que llegó a preguntar por Josué estaba a pie y que ellos eran los únicos que estaban alegando, lo cual contradice Ardila Ceballos, quien afirma que el hombre de la moto, la mujer y el occiso se encontraban discutiendo. Paola también asevera que el sujeto que le quitó la vida a Corredor, llevaba un arma pequeñita, lo cual es falso, ya que la bala que se encontró en el cuerpo, proviene de un revólver calibre 38, el cual de ninguna manera se asemeja al tamaño emitido por la joven. Respecto a las amenazas contra los testigos, alega que son falsas y que en ningún momento se hicieron, tanto así que el día que no fue a declarar Adriana, su hermano Hernán se encontraba ahí y no pudo hacerlo por falta de la cédula. Una de mis constantes dudas es la de que según quienes presenciaron el suceso, Josué estaba en la puerta mirando hacia la calle, Ángela estaba al frente de él y el sujeto que disparó estaba en la esquina a unos cuantos pasos; el hombre murió por un tiro en la espalda. ¿Cómo la bala pudo dar blanco en la parte posterior de su cuerpo, entonces, tuvo que ser desde adentro, o cómo más se podría explicar?”.
En el año se han presentado diez casos, en donde se acusaron a diferentes personas de delitos como homicidio, porte ilegal de sustancias estupefacientes, defraudación a los derechos patrimoniales de autor, falsedad en documento privado, en los cuales según las pruebas emitidas y mostradas, no se ha encontrado culpabilidad alguna y las sentencias han sido absolutorias.
Uno de ellos es el asunto, en el que se vio involucrado el abogado Carlos Ariel González Montoya por el homicidio de Gloria Luz Duque Estrada, colega de su profesión. Dicho hecho sucedió el 23 de noviembre de 1993 y la victima fue asesinada con un arma de fuego por Jorge Ángel Guisao Garcés, quien dijo ser contratado por varios capacitados en derecho. Después de cinco años de estar detenido en la cárcel, González Montoya fue encontrado inocente y dejado en libertad.
Éste podría ser el caso de Ángela María Betancur Salgado, condenada a la pena principal de 13 años y un mes como responsable del hecho. El fallo se encuentra en apelación por parte del abogado defensor, quien cree que su cliente saldrá absuelta.
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